Cumbrecita – Experiencias de la primer salida a la montaña

Córdoba, Junio 2006P1030676

por Pablito “Leñador de Gabón” J.

 

Cuando emprendí este viaje no tenía idea con lo que me iba a encontrar (aunque como siempre, yo suponía que si) solo sabía que debía hacerlo. con mucha culpa y ansiedad viajé y lo primero que me pasó fue despertarme en el micro con un terrible dolor de cabeza, casi al límite del vómito, por suerte luego de desayunar, tomarme un ibuprofeno y asomarme por la ventanilla del colectivo para que el frío viento matinal golpeé mi rostro el dolor fue desapareciendo.

La inexperiencia marcó mis acciones en cada momento de este como de otros tantos viajes, pero lo característico de este fue tomar conciencia de lo que es adentrarse en la montaña.

El equipo chuleta integrado por Luciano, Erika, Georgina, Victoria, Elvio, Marcela y yo nos dirigimos con la euforia característica de la primera salida hacia el punto panorámico. Una vez que atravesamos la villa, por algún motivo nos salimos de la senda marcada y comenzamos a dar vueltas sin sentido, porque hasta ese momento veníamos siguiendo a otro grupo. Era una mañana con muchísima niebla, no se veía a más de 20 m. Cabe destacar que desde el punto de vista de la orientación nadie tenía idea, ni se preocupaban por tenerla, los únicos que manejábamos el tema (por supuesto en el papel, no en la montaña) éramos Luciano y yo. A los 20 minutos de dar vueltas sin rumbo comencé a tener un sentimiento de desesperación porque no tenía la más mínima idea de adonde estábamos ni adonde teníamos que ir. Ahí comencé a entender que éramos nosotros y que teníamos que llegar al mirador. ¿PERO CÓMO?. En ese momento nos cruzamos con Paul que era un montañista experimentado que había viajado con nosotros en el micro y ya conocía la zona, estaba tomando unas fotos muy relajado. En mi ataque de locura, impotencia e inmovilidad característico me le abalancé y le pregunté por donde había que ir, con toda la tranquilidad del mundo me dijo “subí por ahí”. Si algo me faltaba era el golpe de gracia, cuando vi hacia donde señalaba no era una montaña, para mí era el monte Everest, era una mole gigante, ahí comencé a entender lo que significaban cada una de esas curvas de nivel de 25 m, que no eran solo rayitas que se cruzan con el lápiz al marcar el recorrido. Estaba superado, era demasiado, todo junto, nunca había imaginado este escenario, niebla por todos lados, montañas gigantes, y sin un rumbo a seguir, estaba completamente anulado. Alguien tomó la delantera, no sé quién, apareció el sendero, yo continuaba en otro mundo, solo seguía al que tenía adelante mío, se me partían los hombros del peso de la mochila, no tenía aire y me hallaba desahuciado por tanta inmensidad.

Nosotros, la niebla y el sendero perdido

Nosotros, la niebla y el sendero perdido

No sé cómo, pero llegamos al mirador, cuando estábamos por partir vemos a otro grupo que se dirigía hacia el campamento, eran cinco, iban todos en fila y uno de ellos decía ” vos contá los pasos que el de adelante marca el rumbo”, nos miramos entre nosotros y dijimos, “chau, estos chabones la tienen re-clara!!!, están super organizados”, de ahí los llamamos “los profesionales”.

La niebla poco a poco se fue disipando y a los ponchazos y con ayuda del gps fuimos hallando el camino hacia el campamento. En un momento encontramos un sendero, lo seguimos por demasiado tiempo, y nunca doblamos donde debíamos hacerlo. Por suerte, ya me hallaba un poco más centrado y pude ir haciendo algunos aportes que junto a los de los demás nos sirvieron para llegar al campamento a eso de las 18 hs. Nos permitimos un merecido descanso y unos buenos mates. Para nuestra sorpresa el grupo de “los profesionales” no había llegado aún. Comimos, se armó un fogón, charlamos y a eso de las 23 hs luego de que los fueran a buscar llegaron “los profesionales” al campamento, ahí nos dimos cuenta de que los chabones no tenían idea de nada y los bautizamos nuevamente, a partir de ese día se llamarían “los simuladores”.

Me di cuenta que se pasparon los “pompis”, pero por suerte me prestaron una crema que me salvó la vida (Farm x, desde ese día siempre la llevo y a veces la uso) porque con eso pude hacer el trekking sin problemas.

La noche aparte de traer calma me ayudó a que poco a poco fuera cayendo y entendiendo donde me encontraba, muy lentamente comencé a reaccionar y a tranquilizarme para poder disfrutar realmente de la salida.

Equipo Chuleta listo para enfrentar las vicisitudes del segundo día

Equipo Chuleta listo para enfrentar las vicisitudes del segundo día

Al siguiente día pudimos poner a prueba todo lo visto durante la teoría con respecto a la orientación y aquí es donde me comencé a sentir más seguro sobretodo porque nadie entendía nada, me había armado una lista de waypoints con el ozi explorer como ayuda así que íbamos chequeando constantemente el recorrido con el gps (solo en las zonas donde los había marcado), desde el punto trigonométrico 3 en adelante, no teníamos otra opción que valernos de la carta topográfica y a pesar de que nos sentimos perdidos durante todo el día hicimos las cosas bastante bien, tal como lo muestran los tracks en el mapa. Hicimos también un maravillosos trekking nocturno, guiándonos con el gps, porque era una noche cerrada y no se veía absolutamente nada.

En un momento me estaba urgido para ‘lo segundo”, busque un huequito por ahí y dejé mi impronta, cuando me estaba limpiando, por la montaña que estaba enfrente mío aparece de la nada un grupo de 5 personas con la vista apuntando justo en proceso de limpieza, ja ja cosas de la montaña.

Otra cosa que nos sucedió fue encontrarnos en cierta parte del trayecto con dos de los integrantes del grupo de “los simuladores”, supuestamente se habían separado (cosa que nos habían recalcado unas 800 veces que nunca hiciéramos) y no tenía handy para comunicarse, así que se acoplaron a nosotros hasta que se encontraron nuevamente.

En ese momento no me sentía conforme con la performance de ese día ya que no habíamos logrado ninguno de los objetivos propuestos (encontrar el punto trigonométrico 3 y llegar al filo principal), sin embargo cumplimos el objetivo secundario (llegar a la base del cerro truncado). Acá a la distancia me doy cuenta que no contaba con ningún tipo de entrenamiento físico y que como siempre la auto exigencia me impedía disfrutar lo que estaba haciendo pero realmente fue maravilloso porque comencé a comprender el lenguaje de la montaña, superé un montón de temores y vi con mucha satisfacción como se apoyaba en mi el resto del grupo a la hora de tomar decisiones.

Al tercer día comenzamos el descenso y a mitad de camino nos lastramos un chivito riquísimo. Durante la bajada entendí la importancia que tienen los bastones para amortiguar el peso del cuerpo y de la mochila, al llegar al micro noté que se me había hinchado la rodilla producto del peso excesivo y de la falta de entrenamiento y de los susodichos bastones.

En ese momento y para cerrar la salida vimos que uno de los integrantes del grupo de “los simuladores” subía un bolso de mano lleno de comida que había llevado a la montaña!!!????. Era el colmo, y recordando era el mismo que había preguntado si en el campamento había luz!!???.

Afortunadamente todos los integrantes del micro habían participado de la salida así se podía compartir con ellos el terrible tufo acumulado luego de tres días de chivar.

Equipo Chuleta, en medio de la nada, acumulando chivo

Equipo Chuleta, en medio de la nada, acumulando chivo

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